Querido zampabollos virtual, esta cuestión es sencilla de resolver y tiene que ver con la forma de los dichos alimentos. Para ilustraros mejor, realizaré unas acertadas comparaciones con la fisonomía de los diferentes tipos de tejado. Ahora lo veréis claro.

Las magdalenas

Las magdalenas son como los tejados a dos aguas y las galletas como las terrazas. Los tejados son perfectos para repeler el agua, es decir, igual que la lluvia sobre un tejado cae evitando su acumulación, la magdalena, debido a su fisonomía tejadesca, hace resbalar la humedad ambiental, quedando completamente expuesta al aire, que cala en su masa, dejándola más seca que el cemento armado. La galleta, por el contrario, tiene forma de terraza, y por mucho sumidero que se le ponga (son esos agujeritos y canales que surcan su superficie redonda), la humedad acaba penetrando en ella, reblandeciendo irremediablemente su dulce estructura.

Las galletas

Y esto es así y no se puede hacer nada para evitarlo. Solo la genial protección que proporciona el envasado individual, o como mucho de dos en dos, conseguirá que este preciado artículo de bollería fina con nombre de personaje bíblico no caiga en desgracia condenándonos a texturas desagradables. Aunque también he de decir una cosa, el desayuno definitivo es la rosquilla, perfecto híbrido de ambos alimentos, con película de azúcar pringosa Y empaquetado industrial. Eso es evolución y lo demás, tonterías.